
Durante años, el marketing nos habló de segmentos, embudos y conversiones. Nos enseñaron a pensar en clientes, pero no en consciencias. En métricas, pero no en significados.
Hoy el mercado ya no busca solo marcas que ofrezcan cosas. Busca marcas que encarnen algo.
Y ahí es donde entran los arquetipos: los patrones universales que viven en todos nosotros y que, sin saberlo, también guían la forma en que lideramos, comunicamos y vendemos.
Carl Jung los llamó figuras del inconsciente colectivo. Yo prefiero llamarlos los cuatro rostros de toda marca con propósito.
El Mago no vende productos, crea experiencias. Es el arquetipo del cambio, de la alquimia, del “antes y después”.
En una marca personal, el Mago se refleja en quienes inspiran transformación real: mentores, coaches, innovadores, creadores de cambio. En una empresa, aparece cuando la promesa va más allá del servicio: cuando convierte lo ordinario en extraordinario.
Ejemplo: Apple. No vende tecnología; vende magia hecha diseño.
El Sabio no busca brillar; busca comprender. Es el arquetipo de la verdad, el análisis y la claridad.
En marcas personales, son esos líderes que comparten sin alardear, que educan con serenidad, no con ruido. En las empresas, es el área de investigación, estrategia o contenido que traduce la complejidad en sabiduría aplicable.
Ejemplo: LinkedIn Learning o Harvard Business Review.
El Amante no vende, seduce (y no hablo de romance). Seduce a través de la cercanía, la empatía, la experiencia sensorial.
En una marca personal, el Amante se expresa en la autenticidad, en el tono cálido y en la vulnerabilidad emocional. En una marca corporativa, es esa experiencia que te hace sentir “esto fue hecho para mí”.
Ejemplo: Dove, o cualquier marca que haga del bienestar y la conexión emocional su bandera.
El Guerrero no lucha por competir, lucha por causas. Su fuerza no está en la agresividad, sino en la dirección.
En las marcas personales, el Guerrero se nota en aquellos líderes que defienden una visión, que se atreven a incomodar, que abren camino. En las empresas, es el espíritu de quienes no esperan a que el cambio ocurra: lo provocan.
Ejemplo: Patagonia o cualquier marca que se atreve a ser activista.
Una marca (o una persona) no es solo un arquetipo. Somos una sinfonía de ellos. Y la evolución está en saber cuándo activar a cada uno.
Cuando los cuatro trabajan juntos, nace lo que llamo liderazgo holístico de marca: ese que combina razón, emoción, acción y propósito.
Cuando todos hablan de diferenciación, hay que comprender que la verdadera distinción está en la coherencia: que tu estrategia, tus valores y tu comunicación hablen el mismo idioma.
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